25 sept. 2011

Levanté la vista y me encontré con su mirada, con su sonrisa, muy cerca. Tímidamente, rozó el colgante de media luna que siempre llevo y, susurrando, me dijo: «La luna y el sol se conocen desde siempre, aunque el atardecer sea el único momento en el que se encuentran». Entonces, giró el brazo y me enseñó un pequeño tatuaje en forma de sol que llevaba en la parte inferior de la muñeca. «Tú tienes la luna, y yo el sol. El atardecer es nuestro momento…».

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